Es de verdad, Nueva Zelanda queda atrás

¿Qué puedo poner? Llevo un buen rato dándole vueltas y la verdad es que no encuentro las palabras que quiero. La realidad es que ya no estoy en Nueva Zelanda, estoy de camino a casa, estoy de vuelta.

También estaba intentando elegir una foto que representase lo que han sido estos casi casi dos años en Aoteaora, pero es aún más difícil que encontrar las letras. A lo mejor un día de estos la encuentro y decido ponerla. Ahora mismo todo es muy confuso. No sé cómo me voy a sentir cuando vuelva a poner pie en tierra firme y esté en Asturias. Estoy tristefeliz, un estado que me gusta, porque creo que implica más felicidad que tristeza, la cual se deriva de lo bien que he estado este tiempo en una tierra que casi siento mía.

En lo que respecta al blog, aún seguiré publicando al menos el resumen durante un tiempo, y volverá a la vida cuando se concrete mi vuelta a Nueva Zelanda, que llegará, sin mucha tardanza.

Ka kite ano, Aotearoa.

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There and Back Again -3

Octubre 2007
Preparándote para volar      (12-10-07)

(…) El parque, aparte de ser muy bonito y oler la mar de bien, también tiene partes que huelen fatal como en todo Rotorua. Aquí, en Rotorua, es uno de los puntos donde chocan dos placas tectónicas que están debajo de Nueva Zelanda, por eso es uno de los puntos con más actividad geotérmica del mundo. Es una larga historia, cómo una de las placas vino desde el Antártico, se rompió en dos, y una de esas mitades rodeó Nueva Zelanda y la empujó por la costa oeste principalmente de la Isla Sur, que es en donde se encuentran los glaciares y las montañas más altas de Oceanasia. Esa placa, choca con la otra mitad justo debajo de Rotorua.
Como decía, el parque también tiene actividad geotérmica muy activa, valga la redundancia, y hay muchos agujeritos típicos ecupe-barro, y estanques y pequeños lagos en continua evaporación. A mitad de mi camino, me encontré con todo un atleta maorí, que se paró a mi lado deteniendo su footing y me dijo:

- ¿Italiano

- Del norte de España -contesto yo. 

El hombre anda a la desesperada en busca de un español que le de un trabajo en España para poder conseguir el visado para trabajar, algo parecido a mi situación pero a la inversa :D Después de hablar un rato con él, me dice que me acompaña y me cuenta cosas sobre el parque, así que ahí estuvimos un rato aprendiendo la historia sobre el lugar. Fue él quien me contó lo de la erupción. Hace seis años, una zona del parque saltó por los aires, justo en donde había un montón de piedras (no sé por qué), lanzándolas contra un hospital que está al otro lado de la carretera. Además de quemar los árboles de alrededor y ese tipo de consecuencias que suele haber cuando la Tierra se cabrea. (…)

No está mal recordar un poco de historia neocelandesa, una historia la de las placas chocando debajo de Rotorua de la cual ya no me acordaba, y el maorí en busca de españoles a la desesperada que llegó a casi acosarme…

Se nubló      (13-10-07)

El cielo está encapotado, ¿quién lo desencapotará? El desencapotador que lo desencapote buen desencapotador será, y así yo podré hacer paracaidismo de una vez. 

Con el mono puesto, las lecciones aprendidas, y la avioneta preparada. El cielo se nubla, y llega la tormenta. A casa y a esperar que mañana amanezca bien, aunque ahora mismo llueva. Confiamos.

Así que el día se pasó volando (je, que gracia) entre ir y venir para al final quedarme a punto de-. Hoy comparto mi habitación (porque después de tantos días para mí solo, ya es mía) con tres chinos, dos tíos y una tía, que llevan durmiendo desde las 9 de la noche. Y yo pues de cena otra vez al Sabroso, donde ya soy uno más y se me permite el acceso a la cocina y todo. (…)

¡El primer intento de hacer paracaidismo! Tardaría casi un año desde este día en lograrlo, quién me lo iba a decir por aquel entonces, tan emocionado que estaba yo con el asunto. Pero fue una demora con recompensa, pude hacerlo mucho más barato y rodeado de un paisaje mucho más espectacular. Aún así, me imagino que la sensación de canguelo hubiese sido la misma, y hubiese añadido un plus de misticismo a los comienzos del viaje si me hubiese tirado en Rotorua, pero es que estuvo una maldita semana con mal tiempo.

Noviembre 2007

Waiheke Island            (04-11-07)

Amanece gris el sábado en Auckland. Me levanto como un resorte en cuanto suena la alarma, ese extra de hiperactividad y control que te entra cuando tienes un evento importante. Me las deseaba muy feliz, desayunando con tiempo mientras veía cómo se abrían algunos claros a las 9:30 de la mañana, rumiendo el muesli con paciencia y saboreando la jugosa fruta. Todo listo, a las 10 había quedado en el puerto para coger un ferry, y cuando me iba a ir del albergue, me dice la simpática de recepción que tengo que dejar la habitación. Solamente había pagado hasta la noche del viernes y yo calculaba una más, así que contrariado le digo que me quiero quedar más días; pero no contaba con que no quedara ni un solo sitio. Todo lleno, y en cinco minutos a recoger y salir pitando, las diez menos cuarto y subiendo, a un cuarto de hora para coger el ferry, de patitas en la calle cargado de cosas y saliendo el sol. Bajo la calle corriendo mientras me sujeto los pantalones, las bolsas, la cámara de vídeo enganchada al cuello, el mochilón balanceándose (zas, zas, zas, zas) y la chaqueta por encima de los hombros. Encuentro sitio en el ACB Base donde dormí al primera noche en Auckland, pero esta vez ventana en la habitación. Dan las 10 y aún sigo en el albergue, pierdo el ferry pero por suerte hay otro una hora más tarde. Dejo la parafernalia en la consigna del albergue ya que hasta la 1 no se puede hacer check-in, y me voy al puerto a coger el ferry con tranquilidad; tanta que casi lo vuelvo a perder.

Por fin en el ferry. Rumbo a Waiheke Island. Waiheke es una isla que está en el golfo de Hauraki, la tercera isla más popular de Nueva Zelanda (después de la Isla Norte y la Isla Sur claro, jeje), la segunda más grande de éste golfo y la "zona" más bonita de Auckland supuestamente; paradisíaca, rejuvenecedora y auténtica. Cuando te apeas del ferry, dicen los lugareños que rejuveneces 10 años, y algo así debe ocurrir, ya que sin darme cuenta estaba montando en bici preparado para cruzarme toda la isla.

Después de explicarle a Hamish (el hombre que alquilaba bicicletas) algunos conceptos que tenía interés en saber sobre cosas concretas de España, me puse a pedalear para llegar hasta un mercadillo típico que solamente se hace los sábados y donde me esperaban Yuso, María, Isabeletta y otra chica koreana de la cual me es imposible recordar su nombre. Como un campeón me hice todo el trecho sin bajarme en ninguna subida aunque sufrí como hacía tiempo que no sufría, cuatro años sin apenas hacer deporte envejecen, y si aguanté fue gracias a los diez que se me quitaron al llegar a la isla. El Saturday Market resultó ser un mercado muy comunero, donde parecía que los vendedores eran todos compañeros de casa, unos vendiendo zumos de frutas exprimidos en el acto con un exprimidor cualquiera de cocina, otros vendiendo tartas de limón con merengue, bizcochos, dulces, artesanía... Allí me encontré al resto del grupo que me esperaban y después de recuperar el aliento, nos pusimos ne marcha para subir hasta la que, según Hamish, el de las bicicletas, es la octava mejor playa del mundo dicho por National Geographic. Y aunque íbamos de camino, llegamos por error a otra playa más pequeñita donde hicimos la mejor parada del día. Dos calas separadas por piedras, una de ellas nudista, agua verde como es normal aquí, tranquilidad, silencio roto solamente por los pájaros, las olas y nuestras voces. Por fin me pude bañar en el mar, y es que el día se fue abriendo poco a poco, del gris matutino al azul intenso de media mañana, todo un mundo, el mismo que hay entre la vida de ciudad en Auckland, y la vida de paraíso en Waiheke. Gocé del agua como hacía tiempo que no gozaba, me hubiese quedado hasta el atardecer sin salir y flotando a la espera de ver alguna ballena aunque fuera a lo lejos.

(…)Camino de vuelta por la otra orilla de la isla en la que no existían las cuestas para alivio de mis agujeteras piernas y de vuelta en el embarcadero para esperar el ferry hacia Auckland. Antes de llegar, sin embargo, nos metimos en la última playa del día, que nos la encontramos y nos llamaba desde abajo, a dar unas vueltas con la bici y aprovechar las últimas luces. En el embarcadero, Hamish estaba esperando en su caseta y con la sin hueso muy activa, así que nos estuvo contando cómo de joven había estado viajando por Europa y había llegado de Marruecos a un pueblo de Cataluña en el que le acogieron en una granja y le tenían como la atracción del pueblo; como ninguno en el pueblo hace veinte años sabía qué era Nueva Zelanda, pasó a llamarse Emil por decisión de la abuela de la familia, y así se quedó para nosotros también. (…)

Un día después, hoy, madrugón de los que no recuerda mi cuerpo para ir a un mercado de coches que solamente está los domingos. Las agujetas hicieron de las suyas y aquí las tengo compartiendo aventuras conmigo. Mucho andar, negociar con vendedores para ir averiguando cómo se desenvuelven y cómo está el mercado, y de vuelta (todo esto con Yuso y Laia) para comer en su albergue, siestear mientras me leía la muerte del Capitán América que por fin he conseguido el cómic, y a cenar en casa de María. María se queda con una mujer que acoge a estudiantes que vienen a aprender inglés, y con ella está también otra chica alemana. Una cena de quitar el hipo, con tantas cosas ricas que contarlas aquí sería un crimen y un abuso de ego.

Cómo podría olvidarme de esta islita tan cuca y tan bien apañada, no me importaría darle una visita antes de volver a casa, qué pena que quede tan lejos. Qué cercano siento aún el dolor de esas infernales agujetas que me taladraron las piernas durante días… En Wahieke saqué fotos que aún hoy las tengo como de las más bonitas de todo este tiempo, y he sacado muchas.

La cena en casa de la mujer que acogía a María como estudiante tampoco es fácil de olvidar, qué de cosas y qué bien me sentaron, en medio de mi dieta mochilera fue un gran oasis. Lo que más recuerdo es el humus que nos sacó antes de sentarnos, ¡qué rico!

Variettes         (05-11-07)
  • Auckland es la cuarta ciudad más grande (en expansión) del mundo, pese a que solamente tenga un millón y poco de habitantes. Pero claro, prácticamente cada familia tiene su casa, que no su piso.
  • La Sky Tower es el edificio más alto de todo el hemisferio sur; 328 metros, aunque como es un pirulí de cemento y poco más, no aparenta ser tan alta.
  • Nueva Zelanda está compuesta por las dos islas principales (Isla Norte e Isla Sur) y un montón de islitas pequeñas en las que apenas vive nadie, no sé cuántas, tengo que enterarme.
  • Aotearoa quiere decir Nueva Zelanda, en maorí. Concretamente, es el nombre que los maoríes le daban a la Isla Norte, pero con el paso del tiempo y de la llegada/invasión de los europeos, se le dio ese nombre a todo el país (claro que los maoríes no sabían de países y temas burocráticos aburridos, ni de fronteras).
  • Kia Ora es el saludo/bienvenida en maorí. Quiere decir algo así como "que seas saludable", "hola y buena suerte".
  • En Nueva Zelanda, sí, es frecuente ver a gente descalza por la calle, sin importar el frío, calor, sol, lluvia. De hecho, en muchos sitios públicos, es usual ver carteles que prohiban ir descalzo. No sé si por esto o simplemente por conciencia, las calles suelen estar muy limpias, es difícil ver cristales, latas o bolsas por el suelo.
  • El agua del váter, del lavabo y de todas partes, va al revés, girando en el sentido de las agujas del reloj, debido a que el centro geométrico está justamente al revés que en el hemisferio sur. No son leyendas urbanas.
  • También las cerraduras y todo tipo de mecanismos suelen funcionar en el sentido contrario al que te dicte la lógica.
  • La población del país es un 65% de orígenes europeos, un 33% maoríes, y el resto repartido entre asiáticos e inmigrantes de islas cercanas tercermundistas.
  • Las islas fueron descubiertas por los maoríes que llegaron por el mar desde Polinesia a finales del siglo10. Uno de los primeros europeos en llegar fue el holandés Abel Tasman en el año 1642. En 1769 lo haría el famoso explorador James Cook, que fue quien consiguió trazar los primeros mapas de las islas y la semilla de la invasión inglesa. Así, en 1840 los jefes maoríes firmaron con la corona británica el Tratado de Waitangi mediante el cual aceptaban el gobierno británico a cambio del respeto por su cultura, varios tesoros de valor espiritual sobre todo y garantías para sus derechos sobre sus tierras, bosques, zonas pesqueras y poblados.
  • Cuando los maoríes llegaron a las islas, el porcentaje de bosque cubría el 73% de la superficie, un 65% cuando aparecieron los europeos, y un 23% hoy en día; es importante el dato de que la mayor parte de la deforestación llevada a cabo por los europeos, se produjo durante solamente los primeros cien años. Actualmente, aproximadamente la mitad de ese 23% corresponde a bosque indígena.
Nunca viene mal recordar este tipo de cosas, las típicas preguntas de cultura general que te pueden salir en el Trivial. Tendría que haber puesto una cada semana o cada mes, qué pena, porque seguro que se me han olvidado millones de cosas.
Para compensarlo allá voy con una que no quiero que se me olvide nunca:
Los keas son considerados los pájaros más listos del planeta con merecimiento; poseen la inteligencia (aunque más bien habría que denominarlo como “capacidad para resolver problemas”) de un niño neocelandés de cuatro años; la gente suele añadir que es el equivalente de un niño inglés de cinco y de un koreano de trece.

Prueba superada       (07-11-07)

Tres horas, que fueron cuatro, de training, para que la señora manager me viese moverme e interactuar con los clientes. Empecé dubitativo como ya le había adelantando, pero no hubo ningún cliente desagradable yno me costó empezar a cogerles el tranquillo. Como comentaba ayer, tuve que madrugar para encontrar ropa negra de la que no dispongo, así que me fui de tiendas y terminé encontrando unos pantalones de los de toda la vida para camareros, cocina o cualquier trabajo, de tela fina, por 22$, que visto lo visto en las tiendas, es casi como tirarte con ellos. Camisa de botones de menos de 50$ no encontré, y como era una prueba y no el trabajo de verdad, me cogí la camisa de Superman de manga larga, le di la vuelta, arranqué la etiqueta de camino al bar con un cortauñas porque no tenía tijera, y me puse debajo la del Homenaje William Wallace que la veo talismán. 

Compartí la mañana con la jefa y con Julianna y Amy, las dos de China, y todos los de cocina, lo mismo, chinese people. La conversación bizarra de la mañana fue una explicación de la jefa a Amy de qué era un hippie (a raíz de que una pareja que olía mal estaba sentada en una mesa):

-¿No sabes lo que es un hippie Amy? ¿Sabes lo que significa? Ok, escucha. Los hippies son gente extraña, que viven en el pasado, y creen que son parte de la Tierra. No les gusta lavarse ni llevar buena ropa porque no es tan natural, siempre que pueden van sin ropa. Les encanta vivir en los árboles. Quiero decir, no como los monos, pero siempre que pueden, se construyen sus casas en los árboles y hacen todo allí; no les gusta la gente, solo los que son como ellos, y viven en los árboles y se alimentan de los bosques.

La pobre Amy volverá a China contándoles a sus amigos que El Planeta de los Simios no es solo una película de Charlton Heston, que son cosas que ocurren de verdad. 

Es muy tarde hoy y tengo que irme a dormir; seré claro porque esto es duro de explicar, pero no tanto como lo de los hippies. Salí de allí con malas vibraciones, no por las tontunas que decía la jefa, sino por varias cosas; que seguramente al final no me mandarían al bar grande y me quedaría en ese del centro, que es muy pequeño y el único no chino soy yo, y ellos son siempre muy cerrados y apenas hablan contigo, eso no me gusta mucho, pero bueno. Y más importante, no me hacen contrato, me dan trabajo pero no contrato, por lo tanto no me sirve para conseguir el permiso para tres años, y lo que quiere la jefa es que alargue el visado de turista, que es hasta 9 meses (6 más) como mucho y eso ya sí que no me gusta. Tengo lo que queda de noche y el día de mañana hasta que me llame la jefa para decidirme, pero al salir de la prueba no me sentí agusto, y creo que voy a hacerle caso a mi instinto que por ahora me funciona muy bien. Si decido decir que no, me voy a ir del tirón hasta la Isla Sur y buscar trabajo en Queenstown, que es el sitio más turístico en verano, donde se mueve muchísima gente, la capital mundial de los deportes de riesgo, el sitio en el que se inventó el bungy jumping, y allí encontraré algo seguro. Además, la jefa insistió en que no podía irme en mitad del verano, y pensar en quedarme en Auckland hasta Marzo y perderme la Isla Sur en la mejor época del año para descubrirla, me da pena y rabia. 

Son las 5 de la mañana y tengo lo que me queda de noche y el día de mañana hasta que me llame para decidir, pero creo que lo tengo casi claro. El resto del día, muy bien con muy buena compañía y cenando en el albergue de Laia, Yuso y Joze que es mi segunda casa, y allí me quedé hasta las 4 cuando la urgencia por actualizar fue demasiado insistente en mi cabeza.

Bueno bueno bueno… el momentazo de los hippies. Aún guardo en el móvil un mensaje de mi madre desde un autobús camboyano diciéndome que ya era hippie porque olía mal y estaba a punto de subirse a un árbol. Pocas decisiones durante este viaje habrán sido tan acertadas como cuando decidí no aceptar este trabajo en Auckland, lo que desencadenó mes y medio más tarde en mi visita al Edén que se convertiría en mi casa hasta el fin de mi estancia en Nueva Zelanda.

Laia, Yuso, Joze. Qué bien me lo pasé con ellos, las amistades que hice durante esta época del viaje fueron especialmente intensas, qué pena que yo fuese el único con vistas a quedarse indefinidamente.

Wellington-Picton-Christchurch        (19.11.07)

Como dice mi madre, ¿será que estoy aprendiendo a renunciar? Ay, espero que no, porque no me gusta. Cómo me dolió dejar Wellington con las inmensas posibilidades que había de toparme con alguna estrella del celuloide, alguna en concreto tan importante para mía. Pero renuncié (¡no!) y me fui. 

Salí del Wellywood Backpacker con prisas, como siempre. La facturación para el ferry cerraba a las 10:05 y a menos diez aún estaba corriendo por Wellington cargado con mis (calculo) 18 kilos de mochila mal repartidos, la cámara de vídeo, la mochila pequeña que pesará otros 3 kilos, dos bolsas de plástico con los dos libros y algunos cómics que llevo acumulados aquí, otras dos bolsas con comida (medio paquete de arroz, uno entero de couscous, medio ajo, espaguetis, unas cuantas mandarinas, un par de plátanos, algo menos de medio litro de aceite, un bote de sal, galletas y muesli) y para rematar, la chaqueta enganchada por cualquier parte. Llegué al embarcadero del ferry dos minutos antes de que saliera y pagué religiosamente el billete más barato que había, que no era barato. 

Adiós Isla Norte. Hola Isla Sur. Pero entre medias, 3 horas de ferry que si bien a la salida nos es muy impresionante, con Wellington al fondo y los últimos vestigios de rocas de la Isla Norte, a la llegada es una maravilla, cruzando todo un archipiélago, barrera, islotes... no me sale la palabra; en inglés lo llaman "sound". Maravilla.

Cuando te bajas del ferry estás en Picton, un pueblillo de 1.700 habitantes en el que apenas hay nada a parte de una calle con tiendas y tres o cuatro restaurantes, muchos albergues, el puerto pesquero y el deportivo y las playas. Decidí quedarme allí a pasar la noche y siguiendo la recomendación de Laia, Yuso y Joze (a los que reencontraré mañana) me fui al albergue The Villa, que aparte de piscina/jacuzzi, casa del árbol, hoguera nocturna, barbacoa, hamaca, jardín... estaba bien de precio y sobre todo se respiraba paz. Una circunstancia que ayudó sin duda a lo del buen precio fue la confusión del alemán de recepción que cuando le pagué 37$ por la noche y la fianza de la llave con dos billetes de 20, me devolvió 13$ y no 3; en otras circunstancias se lo hubiese dicho, pero cuando estaban las palabras ya saliendo de mi boca, me vinieron a la mente los tiempos de hambruna en Escocia y decidí guardármelos por si me quedo sin dinero antes de la cuenta, todo ayuda, ya les daré algo a cambio, de alguna manera. La cama, eso sí, era bastante cochambrosa, y aún me estoy sacando muelles de las costillas y quitándome pelusa de la manta roñosa que me dieron (sin sábana, por supuesto); de esas que no se fabrican desde los ochenta. Durante la tarde y la noche de ayer en el Villa volví a sentirme como si estuviese en el mismísimo paraíso, una sensación que tenía casi olvidada con tanta vida de ciudad.

Tanta paz y serenidad solo podía traer consigo una nueva edición de quemaduras en tercer grado de la cara; pero esta vez tengo mi crema de coco (brazil nut que pone en la tapa, pero no me engañan, es coco) para que no se pele ni un poquito de la cara. Tras una noche como ya he dicho "movida" por culpa de los muelles, la manta y los ronquidos de tres compañeros de habitación que aún deben estar quitándose de encima la borrachera, volví a darme un madrugón para coger el bus hacia Christchurch a las 9 de la mañana, por muy extraño que le pareciese a la dueña del albergue que no hubiese reservado el billete el día antes, qué poco me conocen... La señora de la oficina de turismo me recomendó ponerme en la parte izquierda del bus para disfrutar de las vistas de la costa, y aún estoy dándole las gracias mentalmente. Confieso que empecé el viaje durmiendo una hora y media, pero cuando abrí los ojos y empecé a ver el verde claro turquesa del mar, me desperté rápido, y empezó el festival: la carretera desfilando curva a curva y túnel a túnel entre peñascos, playas, bosques a pie de la costa, pueblillos pesqueros, focas y hasta delfines saltando casi en la orilla. Hicimos una parada de media hora en Kaikoura, un pueblo que le debe su vida únicamente a su gran negocio con el avistamiento de ballenas y de la posibilidad de nadar con delfines; en el caso de las ballenas, el 70% de las veces que salen a verlas lo consiguen, en el de los delfines, el 95%. Se me pasó por la cabeza la idea de decirle al conductor dame la mochila que me quedo aquí, el olor a mar, los centros de buceo... pero algo dentro de mí volvió a nombrar la palabra "responsabilidad" y decidí que era muy arriesgado quedarme en un pueblo de 2.000 habitantes para intentar encontrar trabajo en algún centro de buceo; voy a centrarme en recuperarme monetariamente, ahorrar, y las vacaciones ya volverán, tengo dos años por delante. Tras cinco horas llegué a Christchurch (Cristoiglesia o Jesús Iglesias para los amigos), que es la tercera ciudad más grande de Nueva Zelanda y la mayor de la Isla Sur (el único aeropuerto internacional del país junto con Auckland), pero pese a ello, no es una ciudad guerrera. Es muy británica, muchos estudiantes, tiene tranvía y tranquila como todo aquí. Los planes (yo no tengo planes) son quedarme aquí un par de días para empaparme bien de información sobre las posibilidades que me va a ofrecer Queenstown para llegar e ir a tiro hecho, sin perder mucho el tiempo entre medias, solo lo justo. Aquí en una noche ya he conocido un montón de gente y hasta he estado a punto de ganar una ruta de bus gratis por la Isla Sur en un torneo de "Piedra, papel o tijera", pero perdí en semifinales (un poco tongo porque al ser impares me tocó luchar contra dos a la vez, y cuando íbamos empatados a doses, ellos sacaron piedra y yo tijera- injusto).

Mañana me reencontraré con los tres mosqueteros que van viajando en el coche de Yuso a un ritmo más tranquilo, saludable y envidiable que el mío, disfrutando de la Isla Sur como se merece. Llegará mi día.

Mis primeras letras desde la Isla Sur ya denotaban una conexión mucho mayor que con la Norte, y es que no hay color. Donde en la Sur todo son montañas por todas partes y de todos los colores y tamaños, lagos, glaciares… en la Norte son colinas y praderas, muy bonitas, pero…

Ay, esa hamaca en el Villa, qué bien me hizo sentar.

De viaje a Queenstown         (27-11-07)

Hubo reencuentro sureño con Yuso, Laia y Joze. Llegaron a Cristoiglesia un día después de mí en su kiwicar y pese a que tenían en mente alojarse en la casa de una Kiwi que habían conocido durante el viaje, al final no les salió la oportunidad y se unieron a la vida alberguera (pero con más clase y calidad que yo).

  • De Laia ya he hablado, es de Playa d'Aro, catalana hasta la médula, prácticamente psicóloga de profesión. Le chiflan las coñas que solo entiende ella y las que aunque entendamos todos, nunca haríamos (aunque inconscientemente se te escape la risa alguna vez). Le queda un mes por Kiwilandia
  • Yuso es un amante de los deportes de aventura y esa es su profesión -además de la informática. Es de Graus y está orgulloso de ello, pero se mueve por toda la zona norte con influencia mañica. Superó una tremenda odisea para coger el vuelo hacia aquí en Barajas -made in Iberia. Se vino con un par, de maletas, un remo y una cámara para inmortalizar cada detalle. Cocina que da gusto y le sobra generosidad y buen rollo. Todo parece indicar que se quedará hasta febrero y eligirá Queenstown también como campamento base
  • Joze es requetemurciano de Lorca, llegó a Auckland un par de semanas después que Yuso, Laia y María pero se las ingenió para "acabar" el curso al mismo tiempo que ellos; es un trapis de primera. Tiene unos amigos murcianos de los que podría escribir un libro al estilo de Tom Sawyer y Hackelberry pero en versión ”acho". Imposible aburrirse a su lado -remarco imposible. "¿Acho que taciendo?". Su vuelo de vuelta salía mañana, pero ha movido cielo y tierra para retrasarlo dos semanas más.
¡¡Yuso, Laia y Joze!! Espero que nos reencontremos pronto joder. Mis primeros amigos de verdad en Nueva Zelanda.

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Y dejé el Edén

Después de un día -veinticuatro horas- de frenético empaque, voy caminando hacia el Pato Azul para despedirme por última vez, y ahí es cuando por fin se me estremecen las entrañas. Quince minutos más tarde, explotaría. Nada me da la sensación de que sea la última vez, aunque todo esté lleno de últimas. La última vez que entro en el café, en el pub, la última vez que cierro la puerta de mi habitación, que uso internet en el ordenador a pedales, la última vez que miro a la izquierda y veo el Mitre Peak imponente e impresionante, la última vez que me voy de Milford Sound…

Siento haber desaprovechado tanto tiempo en un lugar tan único. Siento haber estado de mal humor con algunas personas algunas veces. Siento irme.

No me importa que el sol directo me haga daño en los ojos, no puedo dejar de mirar. Ojalá estos momentos fuesen eternos.

No me parece real que hasta hace unas horas haya estado viviendo en el Edén. No me creo que ya no sea parte de Milford Sound, aunque Milford Sound siempre será parte de mí.

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There and Back Again -2

Octubre 2007

El viento "indormible" y el sueño "cumplible"      (02-10-07)


(…) la primera localización de El Señor de los Anillos que tengo el placer de ver con mis propios ojos. El sitio corresponde además a la primera escena que se grabó de toda la trilogía, cuando Frodo les grita a los otros tres hobbits: "¡Sañid del camino! ¡Salid del camino!", y se esconden debajo de unas raíces mientras un Nazgul los olisquea. Pues ahí pude sentar mi culo esta mañana, en el mismo sitio que lo sentaron Sam, Frodo, Merry y Pippin, aunque el lugar no está exactamente igual a como se ve en la película (cada localización que modificaron para grabar la película, la devolvieron a su estado original, a excepción de una parte de La Comarca, que aún conserva las ventanas y puertas incrustadas en las laderas como si de verdad hubiese allí un agujero hobbit). Según me iba acercando al lugar, después de dar vueltas por los alrededores durante un par de horas, el viento me empujaba más y más deprisa, y podría jurar que hasta los árboles me hablaban. Me encontraba en un estado de excitación y felicidad total que pocas veces había sentido desde que visité por primera vez el Monumento Nacional a William Wallace en Stirling. Como decía, los árboles me hablaban, el viento me empujaba para llegar más rápido, y cuando me encontré de lleno en mitad del camino, todo se detuvo y fue mi momento de gloria, de interrelación con el entorno; me vi a mi mismo ahí de pie, desde el mismo encuadre que se ve a Frodo en la película, y justo después corrí a esconderme en el lugar en el que debería estar el árbol hueco, solo faltaba el Nazgul. (…)

(…) Como me dijo mi mami (saludadla porque nos lee)  "como decía un viejo maestro, si tienes que elegir entre dos caminos, elige siempre el más difícil". Y aquí estoy (…)

Aún sigo pensando que no puedo describir lo que sentí al encontrar esa primera localización de El Señor de los Anillos. Es uno de los momentos cumbre de mi historia.

Para desayunar: terremoto       (04-10-07)

Cogió su mochila, la cargó con sueños, un bastante de fantasía, otro tanto de ilusión y un poco (solo un poco) de cautela. Se disponía nuestro aventurero, al que más tarde conoceremos un poco más, a cruzar los mares y las montañas alrededor de todo el planeta en pos de un sueño de juventud. Se tomó su tiempo en despedidas, primero unos, después otros, y por último los más cercanos. Ninguna fue fácil pero todas las superó, y a la hora de montarse en el gran pájaro que le llevaría en ese viaje, se permitió mirar atrás varias veces, despedirse desde lejos, sentir el nudo en la garganta y guardarlo todo bajo llave en el aparador de su memoria, en ese pequeño cajón en el que se guardan los recuerdos imborrables.  Cruzó Inglaterra, Escocia, ¡Groenlandia! (¡Groenlandia!), paró a repostar en Yanquilandia, siguió sobrevolando Hawai, extrañas islas con propiedades misteriosas y, por fin, llegó a su destino. 
No tenía nada que perder, pero todo que ganar.

Lo recibieron incendios, volcanes en erupción, terremotos, climas inhóspitos, pero se mantuvo en pie como pudo.

Y es que hoy ha tocado terremoto, como anécdota del día. Para empezar bien la mañana, mareo y sobresalto (lo justo) cuando la litera se tambalea y nadie duerme arriba. Claro, era un terremoto, de 5,6 grados que tampoco es mucho, pero si te pilla desprevenido y durmiendo no veas qué desconcierto; y conseguir que yo me despierte y sea consciente de lo que pasa, es un logro. El día antes de llegar, hubo otro terremoto, de 7,8 grados y entró en erupción el volcán que puso su imagen al Monte del Destino en El Señor de los Anillos, y que se lo creía dormido. La primera noche, se incendia un poquito el albergue, y a la sexta mañana, la tierra tiembla. Desde luego, menuda bienvenida, parece ser que hay alguien muy poderoso al que no le interesa que ande yo por aquí, me mantendré atento, pero va a tener que quedarse con las ganas.

¡Mi primer terremoto! Unos cuantos después, ya los tengo bastante desmitificados.
Aquí meto la pata en la erupción del Monte del Destino ya que fue otro volcán de una isla pequeñita que está cerca de Auckland.

Yo he estado en la Tierra Media      (08-10-07)

(…) Bien. Llego. Es como si soñaras pero nunca te despiertas, nunca se estropea justo en el momento que más estabas disfrutando. Vives el sueño, lo tocas y te rebozas de él. Todos tus sentidos se agudizan para no perderse nada, y lo registran todo, mucho más allá de lo que después vas a ser capaz de contar a nadie. Es algo que hay que vivir. Tu sueño.

El sitio está minado de ovejas, y ninguna de ellas sale en la película, porque son ovejas Neozelandesas, y en El Señor de los Anillos son del Reino Unido, que tienen partes negras (hocico y hombros creo) a diferencia de las de aquí que son blancas enteras.


La verdad es que gocé como nunca. El guía te va contando cosas, la mayoría ya las sabes si te has visto los extras de las películas y si has indagado un poco más, alguna cosa que cuenta no te la sabes y eso te encanta porque no paras de descubrir cosas nunca. Te enseña dónde estaban montadas las tiendas para vestir a los actores, para las comidas, etc etc, solo como preámbulo de lo que está por llegar. Te vuelves a subir en la furgoneta (cada una tiene un nombre, la que me tocó ayer se llama Frodo, y la puerta lateral se cerraba sola cuando el conductor decía "ciérrate Frodo", y lo acompañaba con un frenazo clave en toda la parafernalia) y te bajan hasta un sitio en el que lo único que hay son paraguas y unos rodillos para que la gente se limpie la mierda de oveja de la suela de los zapatos. Allí, asomando un poco la cabeza, ya los ves, los "smials", los agujeros hobbits. Son los mismos que has visto cientos de veces en La Comunidad del Anillo y El Retorno del Rey, no están decorados y algunos han desaparecido, pero esos que hay ahí, son los mismos, los reconoces y los riñones dan palmas de emoción.

(…) Pero es que no solo estaban los agujeros, también el lago y el árbol de la fiesta, dos cosas míticas para cualquiera que se emocione con esto. No así el molino, el puente y el bar (el Dragón Verde), construcciones hechas con forespan puro y duro del que aún guardan trozos para enseñarte que realmente eso no eran piedras de verdad.

Bailé en el mismo sitio en el que bailaban y bebían los hobbits en la fiesta de cumpleaños de Bilbo. Los otros que iban en la furgoneta conmigo (los catalanes y otro grupo que recogimos después, 8 en total) me miraban recelosos, y el guía les decía que bailasen y saltasen conmigo porque luego podrían decir a sus amigos que habían bailado en el sitio de la fiesta del centésimodécimoprimer cumpleaños de Bilbo Bolsón, pero no sacaron valor; y yo ahora puedo decirlo.

Llegó el momento de subir hasta Bolsón Cerrado, la casa de Bilbo y Frodo. Aunque sí que deseas que se hubiese conservado un poco la ornamentación por fuera para hacerlo un poco más parecido a la película, no importa, porque es lo que es, y te llena completamente. Ya no piensas que si es de una película, que si eran actores... solo piensas en el libro, en la mitología, piensas que todo es real y que estás tocando la misma fachada de agujero hobbit que tocó Gandalf en su día, la misma hierba que cuidaba con mimo Samsagaz Gamyi. Es el sitio, el momento cumbre de tu sueño y hay que aprovecharlo.

A partir de ahí estaba todo hecho, y solo quedaban algunas anécdotas más y curiosidades sobre el rodaje allí de la película, datos y más datos para mi biblioteca inventario mentalizado. Cosas sobre el árbol que estaba encima de Bolsón Cerrado, y cómo por ser una especie no autóctona, tuvo que ser cortado en trozos y montado después una vez "liquidado el peligro", trozo a trozo, con alambres y placas de hierro, para después aparecer en la película durante un total de 11 segundos. O cómo había un melocotonero plantado en frente de un agujero hobbit expresamente porque en el libro, hay tres líneas en las que Tolkien comenta que unos niños juegan con el árbol, y es algo que aparece en la película, durante tres segundos. Estos detalles son los que la hacen tan especial, y por estos detalles no entiendo cómo puede haber gente que diga que no han sido fieles al libro; todo lo posible.

Y no hay más que pueda explicar con palabras. Como cierre una foto que creo que refleja muy bien el ánimo que tenía y la sensación de haber cumplido un sueño al máximo.  Por lo menos a mí me lo parece.

No puedo decir más que (como decían unos llaveros horteras que tenían para vender): "Yo he estado en la Tierra Media".

Otro de los días claves en mi historia y sobre todo en la historia del viaje.  Es un día que aún puedo recordar con muchísimo detalle. Espero volver a ir, pero que sea vestido de hobbit y durante el rodaje de El Hobbit.

Rueda y rueda que te rueda       (11-10-07)


Una bola de plástico y una colina. Te suben hasta arriba en furgoneta y te preguntan si prefieres el camino recto, o el que tiene curvas. Curvas. El invento consiste en un habitáculo pequeño, una pelota de plástico en la que entras casi de pie, rodeada y protegida por otra bola más grande rellena de aire, que hace de colchón. Otro invento de los neozelandeses, que ya lo hicieron muy bien con el bungy jumping.  El tío abre una escotilla que lleva al interior del Zorb, y te dice: "Ahora un salto a lo Superman para meterte dentro", y claro, eso te envalentona y vuelas hacia dentro como una bala. Obviamente no te puedes poner de pie, porque resbala, es inestable, y está con agua. No echan mucha, la justa para que no te ahogues mientras giras y giras en la bajada, pero la suficiente para hacerte resbalar y calarte hasta los huesos. A la de tres, se abre la puerta que está frenando el Zorb, y empujas un poco hacia esa parte para coger velocidad. Y colina abajo. Pierdes toda noción de espacio, lugar, tiempo y cualquier concepto físico que no esté dentro de tu Zorb. A momentos, parece que estés cayendo por el cielo y no por una colina, entonces llegas a una curva y el Zorb choca contra las barreras y gira para seguir bajando por la cuesta y no por el vacío (que no hay vacío, solo una caída abrupta, sin cuesta), y tú te revuelves como un potro recién nacido que no se tiene en pie. Cuando llegas abajo y no dejan de hacerte fotos que luego intentan venderte, te sientes como un animal de zoo mientras te dejas caer por el agujero hacia el mundo exterior fuera del Zorb. Pero resumiendo: merece mucho la pena, un "must do it" para quien se acerque por Rotorua.

(…)Y como cena, cómo cené. Encontré un restaurante llamado "Sabrosón", y con ese nombre, solo podía ser de comida mexicana o similar; en efecto, comida latina, según ellos. Cuando cojo la carta y veo que tienen negritos con arroz (mi plato preferido, aquí y en la Luna), no tardo ni 2 segundos en apretar el puño debajo de la mesa y contener un tremendo grito de alegría. Además, nachos con guacamole, queso  y una salsa de tomate. Cena perfecta, los negritos venían con plátano frito, para hacerlo todo redondo, solo les faltaba el chorizo frito. Aunque estuviesen estupendos, nada que ver con los que me comí en un "tuper" en el coche de mi padre, de camino al aeropuerto el día que me iba. Después de la cena, la jefa del bar se sorprende de que sea español (de Asturias le digo yo) y me cuenta que ella es de Nueva Zelanda pero vivió 10 años en Venezuela con sus padres cuando era pequeña. Y que solo ha estado una vez en España, en Madrid, y allí se compró la guitarra que tiene puesta en la pared. Yo le cuento que los negritos con arroz me hacen alcanzar el placer máximo y que cuando los vi en la carta, no me lo podía creer, aquí en Nueva Zelanda y comiendo negritos con arroz... Le cuento que somos de familia cubana y que de ahí viene la historia de los negritos y ella dice que claro, que son típicos de allí, pero que en la carta tiene puesto que es algo de Venezuela porque ella vivió allí... Aaaaahm (…)

Me extraña que no tengan un Zorb en Queenstown que tienen todo tipo de actividades de riesgo y sus variantes, no se me había ocurrido hasta ahora. Sé que es una idea que estaban exportando a más países, así que habrá que enterarse de si ya está en España porque es una gozada.

¡El Sabroso! Mi restaurante por excelencia en Nueva Zelanda, qué pena que no pueda ir hasta Rotorua antes de irme. Qué sabores… me viene a la boca ahora mismo el regustillo de esos negritos con carne que tan loco me volvieron durante la semana que pasé en Rotorua.

Publicado porNicolás a las 22:03 1 comentarios